HIGIENE Y SEGURIDAD EN LA COCINA 3

Etiquetado gondolas

Comer sano, empieza por saber comprar, 1ra. parte

“Infórmate y exige”, es tu derecho

“Tú también controlas”, es tu deber

“…La declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce que todas las personas tenemos derecho a una alimentación suficiente e inocua.”

Los estilos de vida de hoy en día son muy diferentes a los de otros tiempos. El acelerado ritmo de vida actual y el incremento de personas solas, familias monoparentales y mujeres que trabajan, han producido cambios en nuestros hábitos de consumo y de preparación de nuestros alimentos. Esta aceleración cotidiana también llegó al desarrollo tecnológico alimentario que con nuevas técnicas de procesamiento y nuevos envases para los alimentos, nos garantizan un abastecimiento más seguro y sano, pero, siempre hay un pero… a pesar de la seguridad de estos, se siguen dando casos de contaminación alimenticia, ya sea por causas de contaminantes naturales o introducidos en forma accidental o por negligencia. Recordemos que las toxiinfecciones alimentarias son enfermedades producidas por el consumo de alimentos contaminados por microorganismos patógenos o sus toxinas.

El diagnóstico más frecuente es el de toxiinfección alimentaria; diferenciándose de infección, si el trastorno lo origina un alimento o agua contaminados con microorganismos (salmonelosis, higelosis, etc.) o intoxicación, si se debe a las toxinas producidas por los gérmenes presentes en el alimento (botulismo, salmonelosis, estafilococia…).

El término “seguridad alimentaria” se utiliza cada vez más en sustitución de la frase “higiene de los alimentos” y esto abarca una amplia gama de cuestiones que deben abordarse si la comida es preparada para estar seguros al comer. Inocuidad de los alimentos por lo tanto incluye aspectos tales como el control de la temperatura de los alimentos mediante el almacenamiento, preparación y servicio, para evitar la contaminación cruzada, la limpieza de los que manipulan los alimentos, equipos y locales de alimentos y el control de plagas, etc., etc., etc.

La seguridad alimentaria implica el cumplimiento de las siguientes condiciones:
• Una oferta y disponibilidad de alimentos adecuados 
• La estabilidad de la oferta sin fluctuaciones ni escasez en función de la estación del año
• El acceso a los alimentos o la capacidad para adquirirlos 
• La buena calidad e inocuidad de los alimentos.

Como consumidores somos el último eslabón de la cadena alimentaria y tenemos también responsabilidades para garantizar la seguridad alimentaria, por lo tanto, debemos tener cuidado cuando manipulamos los alimentos, perfectamente saludables o inocuos, hasta que los compramos y evitar que se contaminen en casa o durante su trayecto. Debemos tomar conciencia y precauciones desde que comenzamos a elegir en las góndolas nuestros alimentos para que siga siendo una experiencia agradable, y no caiga en riesgo nuestra familia.

Para esto debemos primero saber cómo leer o interpretar las etiquetas de los alimentos envasados, ya que estas nos aportan una información muy útil que nos permite, además de conocer las principales características de los productos que vamos a ingerir, a tener una idea aproximada de la relación precio y calidad del mismo, y segundo llevar un orden de compra. La compra debe comenzar por los productos no perecederos y acabar por los refrigerados y congelados. Es muy importante que no se rompa la “cadena de frío” en ningún momento. Debemos cuidar de no mezclar las verduras o frutas con los detergentes para evitar la contaminación química. Evitar los envases golpeados, hinchados o manchados con oxido. Carne, pollo y pescados en doble bolsa para evitar derrames sobre cualquier otro alimento. El transporte a casa debe hacerse lo más rápido posible y guardar de inmediato los productos previo lavado de manos, todo bien tapado y lo menos contaminante siempre en la parte superior de la heladera.

En las encuestas de opinión los consumidores continúan expresando dudas o respuestas confusas cuando se les pregunta por el significado de términos como hidratos de carbono, azúcares, grasas saturadas o poliinsaturadas, o grasas hidrogenadas. Lo mismo ocurre si se cuestiona si el aceite vegetal es sinónimo de saludable o si la fructosa es mejor que el azúcar.

Hoy en día, muchas etiquetas alimentarias contienen información sobre el valor nutricional y las propiedades saludables de los productos, ofreciendo una información útil sobre los alimentos que compramos. Dicha información nos ayuda a saber cómo influyen los alimentos en nuestra salud y bienestar, y a seguir una dieta más equilibrada.

El conocimiento de cuántas calorías contiene una ración de alimento o su proporción para cada cien gramos, por ejemplo, puede resultar de interés para aquellas personas que siguen una dieta y para todas las que desean estar informadas del valor energético de lo que van a comer. Lo mismo podría decirse acerca del contenido de proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales, fibra u oligoelementos incorporados en el producto, bien por su presencia porcentual o por la cantidad total que incluye.
En los productos alimenticios envasados hay dos clases de información: la general y la nutricional. La general sirve para conocer las características esenciales lo que uno compra. La nutricional, pone a disposición del consumidor información sobre las características nutritivas del alimento: calorías que aporta, los nutrientes que contiene, la cantidad de fibra, vitaminas, sales minerales, etc.
Coexisten dos formatos principales de etiqueta nutricional. El más esquemático sólo indica, en este orden: el valor energético, la cantidad de proteínas, los hidratos de carbono y las grasas. El otro, más amplio, informa sobre los azúcares, ácidos grasos saturados, la fibra y el sodio. No obstante, cualquiera de estas dos etiquetas puede incluir datos sobre otros componentes (colesterol, vitaminas, sales minerales, almidón…). Asimismo, pueden mencionarse las cantidades de determinadas vitaminas y sales minerales, en función del porcentaje que supongan de la cantidad diaria recomendada (CDR) de ese nutriente para una alimentación saludable y equilibrada.
CATEGORÍAS DE LAS DECLARACIONES
Debemos distinguir las siguientes categorías de declaraciones:
Las llamadas «declaraciones nutricionales» o «de contenido», que son las que afirman, sugieren o dan a entender que un alimento posee propiedades nutricionales benéficas específicas por razón de su aporte energético (valor calórico) o por los nutrientes u otras sustancias que contiene o no contiene (por ejemplo, «bajo en calorías, sal o azúcar» o «rico en vitaminas, fibra o proteínas»).
Las «declaraciones de propiedades saludables», que son las que dan a entender que existe una relación entre una categoría de alimentos, un alimento o uno de sus componentes y la salud. La publicidad está llena de ejemplos de este tipo de declaraciones que se refieren a alimentos que, por contener un determinado ingrediente, son buenos para las defensas del organismo o nos ayudan a reforzar nuestra salud o a reducir el colesterol.
Las «declaraciones de reducción del riesgo de enfermedad», que son aquellas que afirman que el consumo de un alimento o de uno de sus constituyentes reduce significativamente un factor de riesgo de aparición de una enfermedad (como, por ejemplo, anuncios o etiquetas de alimentos que afirman que disminuye el riesgo de padecer isquemia coronaria o accidentes cerebro-vasculares).
¿Qué datos deben figurar en el etiquetado de los alimentos envasados?
• Nombre del producto, tal y como se denomina en cualquier país: no tiene que ver con la presentación o marca comercial, sino con la denominación. Por ejemplo, no es lo mismo un yogur que un preparado lácteo, o un zumo de frutas que un néctar de frutas. En algunos alimentos hay que incluir en la etiqueta la calidad específica, variedad, categoría comercial (extra, primera, segunda…) y el calibre. En frutas, verduras y hortalizas frescas, se deberá indicar su origen.
• Lista de ingredientes: se presentan por orden de importancia; el de más peso es el que primero aparece. Ahí sabemos lo que compramos. Se podrá comprobar, por ejemplo, como algunos quesos de leche de oveja usan también leche de vaca o de cabra.
• El grado alcohólico, para las bebidas con un grado superior al 1,2%.
• La cantidad neta en los productos envasados se expresa en peso para los alimentos sólidos y en volumen para los líquidos.
• Fecha de caducidad, indica el día, mes y año en los productos muy perecederos.
• Fecha de consumo preferente, con una de las dos siguientes expresiones según sea la duración del producto: “Consumir preferentemente antes de…” seguido del día y el mes si la duración del producto es entre 3 y 18 meses. “Consumir preferentemente antes de fin de…” seguido del año para productos con duración superior a 18 meses.
Aparte de estos datos, que son los más interesantes, en la mayoría de los casos también deben figurar otros, como condiciones especiales de conservación y de utilización, modo de empleo, identificación de la empresa (nombre, razón social, etc.), lote de fabricación al que pertenece el producto y su origen, si proceden de otros países.(continuará)

Si esta información ha sido de tu interés, compartela con tus amistades.

Fuentes: Consumer EROSKI

               Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (VISAVET)

               EUFIC

Hugo Orellana

www.alimentosyseguridad.com

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